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Carta a mi yo del futuro

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Encontró la carta por casualidad. Estaba escondida entre las páginas de uno de los libros de su biblioteca. Aunque cada vez le costaba más leer (a veces las palabras parecían flotar ante sus ojos y tenía que leer alguna página más de una vez para enterarse bien), aún le gustaba ver las ilustraciones de las páginas interiores. Cogió el sobre con expectación, no tenía señas. En la parte delantera solo habían escrito: Carta a mi yo del futuro.

Abrió la carta. La mujer que se llamaba Nataly había dicho que iba a comprar unas cosas al pueblo. También dijo que no tardaría mucho, así que tenía poco tiempo. Empezó a leer, no sin dificultad:

Carta a mi yo del futuro:

Hola,

Lo primero que te preguntarás es quien es el autor de estas líneas. La respuesta es sencilla: tú mismo has escrito esta carta. Aunque estoy seguro de que lo has olvidado, como tantas otras cosas.

Sé que suena confuso, pero no quiero extenderme en explicaciones. Basta con que sepas que yo soy tú, tu yo del pasado. Escribí esta carta para prevenirte, y más te vale porque van a matarte. De hecho ya lo están haciendo…

¿Cómo? Pues con todas esas pastillas que te dan a diario.

Dicen que son para tu enfermedad, pero en realidad son veneno que actúa lentamente. Nublan tu entendimiento y minan tu salud. Debes saber que eres un hombre extremadamente rico y que tus desgracias comenzaron el día en que conociste a tu segunda esposa, Nataly.

Desde el principio, Nataly conspiró para alejarte de tus hijos. No te quiere, pero ansía tu fortuna. Sin embargo, tú estabas tan ciego que no lo quisiste ver. Fuiste muy feliz con ella durante algún tiempo, pero luego empezaron los olvidos. Al principio eran pequeños descuidos. Olvidabas dónde estaba esto o aquello. Luego fuiste empeorando y cada vez  te costaba más acordarte de las cosas.

Estoy seguro de que desde el principio Nataly ya estaba manipulando tu cerebro de alguna forma. Enseguida hizo que te declarasen demente y tras empezar a drogarte consiguió que la nombrasen administradora de tu fortuna.

Por supuesto te resististe, pero tras ser incapacitado poco podías hacer para denunciar tu situación. La supuesta medicación anulaba tu voluntad y te dejaba como un auténtico pelele en manos de Nataly. Tampoco había mucho que pudieras hacer, Nataly pasa casi todo el tiempo contigo y rara vez te deja sin vigilancia.

Finalmente, desesperado, y con miedo a perder todos tus recuerdos, escribiste esta carta. La guardaste en un sitio donde solo tú mirarías. Tenías la esperanza de encontrarla antes o después estando solo, recordar tu plan y ponerlo en marcha.

Ahora hazme caso. Si Nataly está cerca, vuelve a guardar la carta en el libro dónde lo encontraste. Si no está en casa, sigue leyendo.

Bien. El plan es sencillo. Solo hay una forma de escapar de esta pesadilla, mi yo del futuro, y no es otra que acabando con la vida de quien te ha hecho esto: tú esposa Nataly.

Si lo haces podrás (podré) recuperar tu (mi) vida. En el sótano hay una vitrina donde tienes expuesta tu escopeta de caza, deporte al que eras gran aficionado. Úsala cuando ella vuelva. Puedes deshacerte del cadáver lanzándolo a la fosa séptica. Allí nadie la encontrará, y tu podrás volver a ser el que eras.

Solo puede desearte suerte, por tu (mi) bien,

Un saludo de tu yo del pasado.

Dejó la carta encima de la cama y empezó a masajearse las sienes con angustia. Intentaba recordar, pero la niebla que cubría su cabeza no le dejaba ver lo que había detrás. Las pastillas… Eran las pastillas, seguro, esas malditas pastillas que la mujer le obligaba a tomar cada poco y que a él siempre le repugnaban. ¿Cómo no iban a hacerlo si era veneno?

En su obnubilada mente algo brilló como un fogonazo. Una idea surgió en su interior y, al contrario que las ideas que solía tener, no se desvaneció rápidamente, sino que pareció cobrar fuerza. Sin ser plenamente consciente de sus actos, bajo al sótano. La escopeta estaba justo donde debía estar.

La sacó y esperó…

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El comisario Lewis se dejó caer por la recepción que había después del funeral. Tras dar el pésame y hacer algunas preguntas se despidió de la familia asegurando que no había ningún motivo para iniciar una investigación. El caso no planteaba muchos interrogantes. Un demente había asesinado a su mujer y después había sido abatido por los guardas de la finca. Asunto zanjado.

Tras la marcha del comisario, dos hombres salieron a la terraza  discretamente.

–El plan ha ido a la perfección –dijo uno de ellos–. Sabía que en su actual estado papá se creería a pies juntillas toda esa chaladura de la carta a mi yo del futuro. Por cierto, menos mal que pude quemarla antes de que llegase la policía.

–Ese viejo chiflado –masculló su hermano–. En su testamento dejaba a Nataly como única heredera, pero el albacea me ha confirmado que al haber muerto los dos nosotros nos haremos cargo de todos sus bienes.

 Ambos sonrieron y brindaron, mientras miraban los enormes jardines de la mansión que estaban a punto de heredar.

 

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