Oh Snap!

Please turnoff your ad blocking mode for viewing your site content

Escritor Fantasma

Relatos cortos, historias virales y mucho más

Home / Relatos cortos / Christine

Christine

/
/
/
9 Views
A duras penas puedo disimular mis nervios cuando entro en la recepción del hotel y pregunto por la habitación 522. La recepcionista me informa de que la señorita Christine ya está allí esperando. Si le extraña que alguien visite la habitación de una dama a estas horas (ya es más de medianoche), nada en su rostro lo delata. Le doy las gracias y me dirijo a los ascensores.

Mientras subo a la quinta planta, reviso la grabadora para cerciorarme de que funciona bien y que no me quedaré sin cinta en mitad de la entrevista. No quiero que nada salga mal, después de todo me llevo mucho tiempo encontrar a alguien como Christine y convencerla para que contestase a mis preguntas. Solo asegurándole que las grabaciones eran para mi trabajo de doctorado (titulado el Mito del Vampiro en la Europa Occidental) y nunca saldrían publicadas en la prensa, accedió a hablar conmigo.
Ya estoy ante la puerta de la habitación y titubeo antes de golpear tímidamente tres veces. “Adelante”, me dice una voz femenina desde dentro. Obedezco. La estancia es pequeña, y está iluminada por una sencilla lámpara de pie. Instalada en un butacón se encuentra mi anfitriona, Christine.
Tras las presentaciones, me pide que tome asiento. Una vez instalado en mi butaca, le pido permiso para poner en marcha la grabadora. Ella sonríe y asiente. No sé por dónde empezar, así que opto por sacar la libreta del bolsillo y lanzarle a bocajarro todas las preguntas que llevo anotadas:
−Christine, ¿dónde naciste?
Nací en algún lugar de la vieja Europa…
 
−¿Podrías decirme cuántos años tienes?
Perdí la cuenta hace años, pero  unos cuantos siglos tengo, seguro… Cuando alguien vive tanto el tiempo se convierte en relativo.Ríe.
 
Trago saliva, incapaz de decidir si Christine está hablando en serio o intenta tomarme el pelo.
−Así que eres…, un vampiro. ¿Es eso?
−Eso es responde con naturalidad.
 
−Entonces, eres inmortal…
Así es. Aunque no falta quien haya intentado acabar conmigo…
 
−¿Cuándo te convertiste en vampiro? ¿Cómo fue?
Sucedió hace mucho tiempo. Te va a sonar romántico, pero lo hice por amor.
 
>>Cuando mi amado Bill  me confesó que era un vampiro, encontré la solución para huir de todo lo que se oponía a nuestro amor, y así estar juntos para siempre. No me lo pensé mucho.
 
>>Todo ocurrió una noche, en el cementerio donde solíamos vernos a escondidas…
 
−¿Y echas de menos tu vida humana?
¿Sabes? Me recuerdas a un inquisidor con el que me topé una vez…No hacía más que preguntar y preguntar…. –Christine parece impacientarse−. De todas formas, ¡¿Qué más dará si echo de menos o no mi vida humana?!
 
−¿Recuerdas la primera vez que mordiste a alguien?
−Fue hace muchísimo…Pero si no te importa, prefiero guardarme el relato de la experiencia para mí sola. No creo que te interese mucho.
 
Me revuelvo incomodo en mi silla ante sus respuestas, cada vez más escuetas y cortantes. Intento mantener el control de la entrevista:
− ¿Sientes remordimientos cuando te alimentas?
¿Acaso los sientes tú cuando comes carne? Pues esto es lo mismo para mí.
 
¿Has conocido a más de los tuyos?
− Solo a Bill, pero estoy segura de que hay más.
 
Aunque mi natural incredulidad me invita a desconfiar de su relato, lo cierto es que Christine responde sin vacilaciones. Sigo preguntando:
− Cuéntame más sobre tu raza, ¿es verdad que no podéis ver la luz del sol? ¿Dónde te refugias cuando es de día?
Totalmente cierto. Antaño de día me refugiaba en mi castillo, hoy lo hago en lo que en la actualidad llaman casa.
 
− ¿Y lo de la alergia a los ajos o a la plata?
−Ay la plata….Ese maldito Thomas….Aún recuerdo cómo quemaba la cruz plateada que me entregó…. Si conocieses mi historia sabrías de qué te estoy hablando
 
La última pregunta es delicada, así que no se si la querrá contestar:
− ¿Cómo se puede acabar con uno de vosotros?
 Eres demasiado curioso, ¿Sabes? No creo que sea inteligente decirte cómo acabar conmigo.
 
Ya he terminado con las preguntas de mi libreta, y tengo toda la información que necesitaba, pero no puedo resistirme a hacer una última pregunta:
− ¿Tienes alguna prueba de que todo lo que me has contado es verdad? ¿Cómo puedo saber que no estás –busco la palabra más adecuada−, bueno, loca?
Christine me mira de un modo raro mientras se levanta del butacón. Cuando comprendo lo que piensa hacer, me abalanzo sobre la puerta. Demasiado tarde, se mueve con aterradora velocidad y con una fuerza sobrehumana me derriba. Cuando me quiero dar cuenta sus colmillos ya se han hundido en la suave piel de mí yugular. No tardo en perder la consciencia.
Despierto dos horas del ataque. No me duele nada ni me siento confuso o cansado, a pesar de toda la sangre que debo de haber perdido. De hecho, mis sentidos parecen haberse agudizado, y percibo todos los ruidos de la noche con una claridad meridiana. Me siento más vivo que nunca, aunque “vivo” quizás no sea la palabra más adecuada. No hay ni rastro de Christine, solo una nota escrita con pintalabios en el espejo del baño. “Ya tienes la prueba”, dice.
De repente siento sed, pero me temo que no de la clase que uno podría aplacar con agua. Que Dios me perdone, voy en busca de la recepcionista.
dama de la noche
¿Te has quedado con ganas de saber más sobre Christine y su historia? Pues lee Dama de la Noche, de Cristina Bermejo Rey. Gracias a la autora por acceder a esta entrevista con la protagonista de su novela. Puedes seguir a Cristina en journalistchristine.blogspot.com.es

 

Escritor Fantasma
  • Facebook
  • Twitter
  • Google+
  • Linkedin
  • Pinterest

Vestibulum nec placerat orci. Mauris vehicula

Vestibulum nec placerat orci. Mauris vehicula,Vestibulum nec placerat orci. Mauris vehicula

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

It is main inner container footer text
¿Hablamos?