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Cómo hacer un discurso político (Manual de neo lengua)

“El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen confiables y el asesinato, respetable; y para darle la apariencia de solidez al mero viento”. George Orwell.

Es importante que todo representante político -sea cuál sea la ideología que dice representar-, sepa qué lenguaje emplear en cada momento. De ahí que en este breve manual sobre cómo hacer un discurso político recojamos las expresiones o locuciones que no deben faltar a la hora de dirigirse a los ciudadanos.

El representante político nunca se dirigirá a su audiencia usando el género neutro, sino que lo hará diferenciando claramente el masculino del femenino. De ese modo dirá todos y todas, ciudadanos y ciudadanas, compañeros y compañeras y así hasta el infinito. Solo en el caso de las comunicaciones escritas dirigidas a un público joven se permitirá el uso de la arroba para hacer referencia a ambos sexos. Por ejemplo, nosotr@s.

Hay dos ideas claves que todo político debe conocer y utilizar convenientemente en su discurso: cambio y estabilidad. Un político hablará de cambio para acceder al poder y, una vez que lo haya conseguido, se refugiará en la estabilidad para no perderlo. Prometer el cambio en la oposición y la estabilidad en el Gobierno es parte fundamental del ciclo de vida político.

Tras unas elecciones se apelará al mandato democrático para justificar sus acciones y posibles alianzas postelectorales. Con el uso de este mandato democrático, el representante político interpreta el resultado de las urnas de acuerdo a sus intereses (que pueden coincidir o no con  los de sus votantes) y mostrándose como el depositario de la voluntad ciudadana.

Ante una amenaza para la nación, ya sea real o ficticia, todos los partidos actuarán bajo el mantra de la unidad de los demócratas. Toda declaración que se aleje de los postulados de quienes integren esa unidad será considerada, en consecuencia, peligrosa, y sus instigadores tildados de anti-demócratas.

En tiempos de dificultades económicas se repetirá continuamente la expresión arrimar el hombro, dando a entender que son necesarios sacrificios adicionales para salir de esa situación. Quien cuestione esos sacrificios será acusado de poner palos en las ruedas, dando a entender que solo hay un modo de afrontar la crisis y que las posibles alternativas representan en realidad un freno a la recuperación.

Lo ideal es que el uso de arrimar el hombro inocule un sentido de culpabilidad en las clases más bajas, sobre las que recaerá el mayor esfuerzo: “está bien, la crisis también ha sido culpa nuestra, así que ahora toca arrimar el hombro”.

Por último, cuando sea necesario intervenir en algún conflicto internacional se dejará claro que cualquier decisión está bajo el paraguas de la OTAN, y que por lo tanto no requiere el respaldo de la ciudadanía.

De este modo, avanzando en  la uniformidad del lenguaje político avanzaremos también en la uniformidad de las ideas, dirigiéndonos así al pensamiento único, objetivo final de la neo lengua.

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