Oh Snap!

Please turnoff your ad blocking mode for viewing your site content

Escritor Fantasma

Relatos cortos, historias virales y mucho más

Home / Relatos cortos / El hombre con miedo

El hombre con miedo

/
/
/
34 Views

Hay un asesino en el callejón, escondido entre los cubos de basura. Estoy seguro de que espera el mejor momento para abalanzarse sobre mí y apuñalarme. No llevo encima nada de valor, pero él no lo sabrá hasta que no registre los bolsillos de mi cadáver.

No, atajar por el callejón es mala idea, a pesar de que acortaría mi camino a casa unos cinco minutos.

Esquivando una muerte segura, paso de largo dejando el callejón a mi derecha. Aprieto el paso hasta que algo a unos metros delante de mí me hace detenerme. Hay unos cuántos jóvenes charlando apoyados de forma relajada en un coche aparcado. A juzgar por su aspecto se trata de pandilleros.

Sin duda encontrarán alguna excusa para hacer de las suyas conmigo. El otro día leí que unos gamberros habían causado graves quemaduras a un  transeúnte al quemarle la chaqueta con un mechero. Dijeron que solo estaban “bromeando”. A saber lo que estarán preparando esas bestias..

Por suerte aún no me han visto. Doy media vuelta, dispuesto a encontrar una vía más segura.

Una vez más maldigo en voz baja. ¿Por qué tuve que ser tan grosero con aquella gitana? Habría bastado con rechazar amablemente aquel ramillete de romero diciendo que no llevo dinero encima (cosa cierta). Pero se puso tan pesada que terminé dándole un manotazo al romero, que acabó en el suelo. Si me hubiese disculpado enseguida quizás me habría ahorrado lo que vino después. Sin embargo, decidí largarme, y fue entonces cuando escuché a mis espaldas la maldición de la gitana.

Eso fue hace unos veinte minutos, y ahora solo pienso en llegar a casa para ponerme a salvo, al menos de momento. Mañana podré llamar a alguien capaz de quitarme el mal de ojo.

Sumido en mis pensamientos, no me doy cuenta de que voy a pasar al lado de un edificio de aspecto antiguo. Bastante antiguo, de hecho; casi al borde del derrumbe. Cualquier golpe de viento haría caer una de esas tejas de uralita. El impacto en mi cabeza, desde esa altura, sería enorme. Las probabilidades de conmoción cerebral son altísimas. ¿Y después? Tal vez el golpe afecte al área del cerebro que necesito para hablar, o para caminar. No me atrae la idea de convertirme en un vegetal.

Me cambio de acera.

Una  vez ahí me quedo paralizado por un momento. Miro al perro que está rebuscando comida al lado de unos contenedores. Mentalmente repaso la lista de enfermedades que puede transmitir un perro callejero. La rabia es la más probable. Y aunque es un perro pequeño y probablemente podría encargarme de él si me ataca, basta con un mordisco y ¡zas!, infectado.

Ahora sí que no tengo ni idea de por dónde ir, pero como si de una película se tratase, a lo lejos veo aparecer mi salvación. Un coche de la policía se acerca por la carretera. Me asomo a la calzada y empiezo a hacer aspavientos para que pare.

El coche se detiene. Uno de los policías baja la ventanilla y me pregunta:

– ¿Ocurre algo, señor?

–Sí –respondo acalorado–. Estoy en peligro, necesito que me escolten hasta casa.

– ¿En peligro, señor? ¿Le persigue alguien?

Yo le explico la historia de la gitana y el mal de ojo. El policía asiente con comprensión y mira a su compañero de vez en cuando. Los dos se bajan del coche.

– Señor, creo que se encuentra algo desorientado. ¿Ha bebido o ha ingerido alguna sustancia esta noche? Por favor, deje que llamemos a una ambulancia, ellos podrán ayudarle.

¿Al Hospital? El mayor nido de enfermedades que existe. Una auténtica ruleta rusa de infecciones, a cada cual más peligrosa. Me niego. Los agentes parecen dubitativos. Me aproximo al que está más cerca y, sin pensarlo dos veces, le suelto un bofetón. Después forcejeo levemente con él para quitarle la pistola.

El compañero no tarda en reaccionar. Se abalanza sobre mí y me inmoviliza en el suelo. Luego me ponen las esposas entre los dos.

Mientras me meten en el coche patrulla, suspiro aliviado. Esta noche estaré a salvo en el calabozo. Mañana Dios dirá.

 

  • Facebook
  • Twitter
  • Google+
  • Linkedin
  • Pinterest

Vestibulum nec placerat orci. Mauris vehicula

Vestibulum nec placerat orci. Mauris vehicula,Vestibulum nec placerat orci. Mauris vehicula

2 Comments

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

It is main inner container footer text