Relatos

Naufragio

Estábamos atrapados en aquel islote lejos de cualquier ruta navegable. Por si fuera poco, del barco solo pudimos salvar una caja de botellas de brandy de Jerez. “No hace falta más”, dijo el capitán, descorchando la primera. El brandy corrió alegremente levantando los maltrechos ánimos de la tripulación. Vacía la botella, el capitán arrancó una  hoja del diario que llevaba siempre consigo, escribió una breve nota de auxilio, la introdujo en la botella, le puso el tapón y la lanzó al mar con toda la fuerza que pudo. Después repetimos el proceso con otra botella, y con otra, así hasta lanzar varios mensajes de auxilio, el último con una caligrafía ya casi ininteligible.

Solo quedaba esperar a que las corrientes marinas, y la suerte, hicieran su trabajo. Y así ocurrió; a las tres semanas fuimos rescatados. Ahora lo celebramos todos los años reuniéndonos para tomar una copita de brandy.

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