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Escritor Fantasma

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Próximo desvío

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Cuando uno lleva casi cuarenta años sirviendo al Cuerpo en una ciudad como Nueva York, sus niveles de tolerancia a la chifladura aumentan de forma considerable.

Por la comisaria habíamos visto desfilar reencarnaciones de Jesucristo, vampiros, alienígenas e incluso algún que otro Napoleón. Afortunadamente la mayoría no eran peligrosos. Montaban el follón, les traían aquí para que les hiciéramos la ficha y les diésemos un café caliente. En el calabozo se tranquilizaban un poco y los soltábamos al día siguiente, cuando las drogas habían dejado de hacer efecto, o bien llamábamos a los servicios sociales para que se hicieran cargo.

Sin embargo, no se podía decir que aquel tipo fuese inofensivo. Nadie que se cuele en un hotel  con una pistola lo es; por eso yo mismo decidí encargarme del interrogatorio.

Cuando entré en la sala, el chico estaba sentado con la mirada baja y las manos apoyadas en sus sienes. Levantó los ojos al oírme llegar y entonces pude verle con claridad. Delgado, alto y desgarbado. Pelo castaño corto y barba de dos días. Nada destacable en sus rasgos, salvo unos ojos huidizos que parecían mirar a todas partes a la vez. Llevaba vaqueros y una camiseta de camuflaje.

Aunque ya han pasado varios años, estoy seguro de que si le viera le reconocería al instante. De hecho más de una vez he fantaseado con cruzarme con él por la calle.

Ordené que le quitasen las esposas de las manos (pero no las de los pies) y despedí al guardia. Una vez que estábamos a solas, le ofrecí un vaso de agua para romper el hielo; el negó con la cabeza. Me senté en la silla de enfrente y empecé a hojear el informe de su declaración en el lugar de los hechos.

—Jack, ¿verdad?

Asintió lentamente.

— Yo soy el comisario Kerry. Ya imaginarás que has montado una buena, muchacho. —Hice una pausa para ver si decía algo, pero no parecía muy locuaz—. Está bien —proseguí—, verás he visto varias cosas raras en tu primera declaración, así que voy a hacerte unas preguntas y me gustaría que respondieras con sinceridad.

Cuando vi que lo había entendido, continué:

—Está bien, Jack, ¿podrías decirme tu fecha de nacimiento?

—Dos de junio de 2002

—Bien, ¿y sabes qué día es hoy?

—Dieciséis de noviembre de 1998 —dijo sin vacilar.

—En efecto, como ves ahí hay algo que no encaja. Aún faltan más de tres años para que nazcas. ¿Cómo explicas eso?

Me miró de hito en hito y respondió tímidamente:

—Retrocedí en el tiempo.

—Ya…

Si algo he aprendido sobre los locos es que no hay que discutir con ellos, y menos aún llamarles chalados a la cara. Lo mejor es hablarles con naturalidad, como si todo lo que dijesen pudiera tener algún sentido. Seguí preguntando.

— Y dime, Jack ¿por qué querías matar al senador Wayne?

—Es la única forma.

— ¿La única forma de qué?

—De salvar el mundo.

Sus ojos me atravesaron. Había visto antes esa mirada, era la mirada febril de alguien cuya vida gira alrededor de una única idea. La mirada del fanático.

— ¿Matándole?

—Sí —volvió a bajar la mirada—.

— ¿Y por qué salvaría eso el mundo?

—Porque dentro de unos años va a convertirse en alguien muy peligroso, un tirano que nos acabará por destruir el planeta. Pero si le frenamos ahora…  —Movió la cabeza a un lado, cabizbajo—. Es igual, ya sé que no me cree.

—Es complicado —me encogí de hombros—, pretendes ser un viajero del tiempo que ha venido al pasado para asesinar a un joven senador recién elegido que va a convertirse en una especie de dictador. ¿Eso es?

—Eso es. Piensa que estoy loco, ¿verdad?

—Soy policía, hijo, desconfío de todo el mundo. Y me temo que no tienes nada para demostrar tu historia, a no ser que me enseñes tu máquina del tiempo.

—La máquina no viajó conmigo.

— ¿Ah, no? Pensé que sería una especie de Delorean.

No pareció captar la ironía.

 —En realidad es un rayo. Puede hacer que un cuerpo de desintegre y aparezca en un tiempo pasado. Pero el efecto es temporal, pasadas unas horas o días el cuerpo termina volviendo a su época presente.

Podía haber concluido ahí el interrogatorio asumiendo que no conseguiría sacar nada en claro. Pero el caso es que siempre he sido aficionado a la ciencia ficción; de hecho de pequeñito me tragaba todos los episodios de Más allá del límite y Cosmos. Así que tenía curiosidad por saber lo que aquel chico tenía que decir. Me fascina ver como algunas personas inventan todo un mundo de fantasía y casi hacen que parezca coherente.

— ¿Cómo funciona ese rayo?

Sonrió ligeramente.

—Tendríamos que ser doctores en física cuántica, yo para explicárselo y usted para entenderlo. Pero de forma muy básica el rayo usa una enorme cantidad de energía para que el tiempo a tu alrededor se mueva hacía atrás. Ya le digo que el efecto es temporal y antes o después el tiempo vuelve a su lugar. Es como si un enorme meteorito cae en el mar, toda el agua alrededor retrocede violentamente pero después vuelve.

— Ajá. ¿Y de qué año se supone vienes, Jack?

—Del 2024.

Así que tenía 22 años. Encajaba con su aspecto, pero claro, es lo único que cuadraba de su disparatada historia.

— ¿Cómo es el mundo entonces? No sé, yo imagino el futuro con robots y coches voladores, como en las películas de ciencia ficción.

Meneó la cabeza.

—En realidad es difícil encontrar coches de cualquier tipo. No es demasiado seguro salir de casa.

— ¿Por qué no?

— El aire está tremendamente contaminado, niebla radiactiva lo llaman. Pasamos semanas enteras sin ver la luz del sol.

— ¿Cómo ocurrió?

— Hubo una guerra nuclear. Estados Unidos y sus aliados contra China e Irán. Gran parte del planeta fue destruido, y los pocos supervivientes viven sumidos en el caos.

—No es una perspectiva muy halagüeña. ¿Cómo se llegó a esa situación?

—Fueron muchas cosas. El comienzo del siglo XXI estuvo marcado por un gran atentado, el mayor vivido en suelo estadounidense.

Eso me intereso un  poco. Las investigaciones de posibles atentados eran siempre prioridad en el departamento. Me revolví un poco en mi silla.

—Cuéntame más sobre eso, Jack.

—Fue, bueno, será, el 11 de septiembre de 2001. Ese día varios vuelos comerciales fueron  secuestrados por terroristas islámicos y después estrellados contra distintos objetivos estadounidenses. Dos de los aviones impactaron contra las Torres Gemelas, destruyéndolas y matando a cientos de personas. Otro cayó sobre el Pentágono

¿Aviones estrellándose contra las Torres Gemelas? De locos. Sin duda el muchacho tenía mucha imaginación.

—Entonces ese atentado desencadenará la guerra…

—No inmediatamente, pero sí va a encender la mecha que hará que todo explote. Se producirán más atentados islamistas en el mundo: Londres, París, Madrid; y como respuesta habrá guerras en Afganistán e Irak que desestabilizarán toda la zona, creando un sinfín de conflictos armados.

>> Por otro lado, el mundo sufrirá una gran crisis mundial. Muchos países estarán al borde de la quiebra. Todo ello hará que surja un clima mundial de miedo: miedo a al terrorismo, miedo al futuro, miedo a perderlo todo. Y ya sabe cómo actúa la gente con miedo, se vuelve manipulable. El caldo de cultivo para que aparezca alguien como Wayne, prometiendo seguridad, estabilidad económica y acabar con el terrorismo a cualquier precio. Su mensaje caló, y fue escalando puestos hasta convertirse en el presidente Wayne. No tardó mucho en desatar la guerra contra el Terror, lanzando sus misiles nucleares contra Siria e Irak, donde los terroristas tenían la mayor parte de su territorio. El ataque provocó la respuesta de Irán atacando a Israel para proteger su posición en la zona, y pronto todas las potencias nucleares se vieron envueltas en el conflicto, causando una guerra mundial de proporciones apocalípticas.

Aquello parecía tan alucinante como el argumento de una película de James Cameron o de una novela de Asimov.

— ¿Y crees que la muerte del senador Wayne evitará la guerra? Si las cosas ocurren como cuentas, da la impresión de que si él no provoca la Tercera Guerra Mundial, lo hará cualquier otro.

Se encogió de hombros.

— ¿Habría habido una segunda Guerra Mundial sin Hitler? Tal vez, pero muchos creen que sin él las cosas se hubiesen desarrollado de otro modo. El Profesor siempre dice que el tiempo es como una gran autopista. Avanza en línea recta la mayor parte del trayecto, pero a ratos hay desvíos. Si coges uno de ellos, puedes acabar en un lugar completamente distinto.

>>Esos desvíos son acontecimientos que pueden causar cambios profundos en la línea temporal. Posiblemente en nada influiría en el mundo que usted hubiese estudiado Medicina en vez de ingresar en la Academia de Policía. Pero el descubrimiento de América, la manzana cayendo sobre la cabeza de Newton, el asesinato de Kennedy… esos hechos hicieron avanzar el tiempo en una determinada dirección y no en otra. Fueron desvíos. Al igual que ellos, acabar con Wayne antes de que llegue al poder podría cambiarlo todo. Todo…

Su expresión era vagamente soñadora. Me examinó de arriba abajo esperado mi reacción.

— ¿Cree algo de lo que le he contado?

—Ni una palabra —admití con sinceridad.

Jack me lanzó una mirada lastimosa. Su expresión era tan amarga que me impresionó.

—Me creerá…

Después cayó en el mutismo más absoluto y yo di por terminado el interrogatorio. Salí de la sala y ordené que le trasladasen al Hospital Metropolitan para una evaluación psiquiátrica.

Fue la última vez que le vi.

A la mañana siguiente llamaron del Hospital. El chico había escapado en medio de la noche, esfumándose sin que nadie le viera. Emitimos una orden de busca y captura, pero no encontramos ni rastro. Luego simplemente dejamos de hacerlo.

El año pasado me retiré del Cuerpo y casi no había vuelto a pensar en Jack.

Al menos hasta ayer, 11 de septiembre de 2011.

Cuando las torres cayeron, mi realidad también se desmoronó.

He pasado toda la noche en vela. Mi mujer cree que sigo en estado de shock por lo que ha ocurrido, como todos los habitantes del planeta. Pero en realidad lo que más me preocupa ahora es lo que está por venir. La catástrofe que se avecina.

Y qué hacer al respecto.

Puede que aún no sea tarde, puede que la autopista se bifurque más adelante. Y si hay una mínima posibilidad de coger ese desvío, tengo que hacer lo posible por conseguirlo.

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